La Agencia de Medio Ambiente del Reino Unido declaró la escasez de agua en Inglaterra como un «incidente de importancia nacional», tras registrar el semestre más seco hasta julio desde 1976. Cinco regiones fueron oficialmente declaradas en sequía, mientras que otras seis enfrentan condiciones de sequía prolongada.
A pesar de lluvias intermitentes en julio, los niveles de los embalses y los caudales de los ríos continúan descendiendo. Las reservas de agua cayeron un 2% la semana pasada, alcanzando un promedio del 67,7% de su capacidad, en comparación con el 80,5% registrado a principios de agosto del año pasado.
La crisis hídrica afecta de manera significativa diversos sectores: la agricultura ha visto interrumpida la temporada de cultivos, los humedales y hábitats fluviales han sufrido daños y se ha incrementado el riesgo de incendios forestales.
Helen Wakeham, directora de agua de la Agencia de Medio Ambiente y presidenta del Grupo Nacional de Sequía, hizo un llamado a la población a contribuir para reducir la presión sobre los recursos hídricos.
En junio, la agencia advirtió que, sin medidas urgentes de conservación, el suministro público de agua de Inglaterra podría enfrentar un déficit diario de 5 mil millones de litros para 2055, con un déficit adicional de mil millones de litros para cubrir necesidades económicas más amplias.
La situación se ve agravada por la cuarta ola de calor del verano, que ha elevado las temperaturas en gran parte de Inglaterra y Gales, aumentando la presión sobre el suministro de agua y las rutas de navegación. Expertos también han advertido sobre riesgos para la salud relacionados con el calor, como insolación, deshidratación y problemas respiratorios.
Esta crisis subraya la necesidad urgente de implementar estrategias de conservación del agua y una gestión sostenible de los recursos hídricos en el Reino Unido.


