El trabajo formal avanza con fuerza en las provincias donde la minería es motor productivo. San Juan, Santa Cruz y Catamarca cerraron en 2024 con un crecimiento del empleo privado de entre 8 % y 10 %, muy por encima del promedio nacional, que apenas rozó el 3 %, según datos del Ministerio de Trabajo.

El impacto se nota en la vida cotidiana: más comercio, transporte, hoteles y servicios alrededor de los yacimientos y proyectos de exploración. La minería emplea hoy a más de 40.000 trabajadores directos en rubros que van desde la metalmecánica hasta la gastronomía local. Los salarios mineros —80 % superiores al promedio nacional— fortalecen el consumo regional y sostienen un círculo económico virtuoso.

Detrás de cada proyecto hay decenas de PyMEs que venden insumos, transporte o servicios de mantenimiento: cada empleo directo genera entre tres y cinco empleos indirectos. 

La experiencia de estas provincias muestra que la minería no concentra la riqueza, la reparte: impulsa empleo formal, arraigo y desarrollo en zonas históricamente postergadas. En las regiones mineras, los números se traducen en hechos visibles: rutas nuevas, talleres funcionando y familias con trabajo estable.