El recambio en el poder que se produjo tras la captura del ex dictador Nicolás Maduro situó a una histórica dirigente del chavismo al frente de la etapa inicial de reorganización institucional en Venezuela. En este nuevo escenario, la figura designada deberá administrar una transición compleja, marcada por fuertes tensiones políticas y sociales, mientras se definen los primeros lineamientos del nuevo orden de gobierno. 

Delcy Rodríguez, una de las dirigentes más influyentes del chavismo, quedó al frente del poder en Venezuela tras la captura del ex dictador Nicolás Maduro. Su trayectoria en los últimos años estuvo atravesada por la tensión entre la defensa del ideario oficial y la necesidad de adaptarse a una realidad económica crítica, lo que llevó a que algunos gobiernos democráticos la consideraran una interlocutora posible para explorar salidas negociadas a la crisis. Su ascenso dentro del régimen le permitió consolidar vínculos con los altos mandos militares y adquirir un conocimiento profundo del funcionamiento interno del Estado.

Desde Washington, el presidente Donald Trump sostuvo que la dirigente chavista manifestó disposición a colaborar con una eventual transición ordenada, aunque advirtió que esa apertura deberá traducirse en hechos concretos. En la misma línea se expresó el secretario de Estado Marco Rubio, quien afirmó que Estados Unidos está dispuesto a cooperar si las nuevas autoridades adoptan decisiones que faciliten un proceso de normalización institucional. En ese contexto, el futuro inmediato del país dependerá de si Rodríguez opta por confrontar con la presión internacional o avanzar hacia acuerdos pragmáticos que permitan encauzar el escenario político.

Abogada de 56 años, con formación en derecho laboral en Europa y una extensa carrera dentro del chavismo, Rodríguez ocupó cargos clave desde 2013, como ministra de Comunicación, canciller, vicepresidenta y responsable del área económica, además de haber incrementado su influencia en los organismos de inteligencia. Aunque fue sancionada por Estados Unidos, Canadá y la Unión Europea por su rol en la represión interna, se mantuvo leal al régimen. Su desafío actual es sostener el poder en un país golpeado por una profunda crisis económica y social, con una economía severamente contraída, millones de exiliados y una comunidad internacional que observa con atención cada una de sus decisiones.