Los antiguos roces y desacuerdos de la campaña reaparecen en la actualidad, alimentando un nuevo capítulo del enfrentamiento y evidenciando que los conflictos pasados todavía influyen en la dinámica actual.

Tras el desplante ocurrido el domingo pasado en el Congreso y el enfrentamiento con el ex ministro de Defensa Luis Petri, se intensificó el malestar dentro del núcleo duro libertario hacia la vicepresidenta Victoria Villarruel. A pesar de las tensiones y los pedidos desde la Casa Rosada, Villarruel reafirmó que no tiene intención de dejar su cargo, generando un nuevo capítulo de recelo y críticas internas.

Fuentes cercanas al presidente Javier Milei señalaron que lo que esperan de Villarruel es que cumpla con sus funciones, promoviendo y defendiendo la agenda del Gobierno, ya que fue elegida para ese propósito. Sin embargo, dentro del sector libertario se la cuestiona duramente, llegando a afirmar que “no tiene la más mínima gota de dignidad” y expresando el deseo de contar con una vicepresidenta más alineada con las políticas del Senado, aunque aclaran que no buscarán forzar su renuncia.

Entre los reproches específicos hacia Villarruel se destacan la distribución de ministerios antes de que el Gobierno hubiera logrado la victoria electoral, supuestamente en coordinación con sectores del larretismo, y su apoyo al Partido Demócrata en la provincia de Buenos Aires, lo que habría debilitado la influencia de La Libertad Avanza. La tensión se reflejó nuevamente en un cruce público con Petri, quien la acusó de favorecer a la oposición y de apostar al fracaso del Gobierno, mientras que Villarruel respondió señalando la falta de gestión en la obra social IOSFA, dejando al descubierto un conflicto abierto y cargado de reproches mutuos.